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Simple respuesta

Yo pensaba muchas cosas en ese momento y él venía con esas preguntas tan simples que cualquiera podía contestar, pero rompió todos mis pensamientos, todo lo que había armado por tanto tiempo se derrumbó por esa pregunta sin futuro. Fueron esas palabras en forma de interrogación que me hicieron pensar. Algo tan simple me había puesto en una posición nueva, extraña, incomprensible, algo tan simple me saco de mi lugar y me llevo a darme cuenta de que no tengo nada, pero nada era poco. Pero si tengo, tengo a mis amigos, familia, todo, pero nada real para mis pensamientos.

Y lo miré, él seguía ahí parado esperando mi respuesta, esa respuesta que se mezclaba con todo. A pesar de su mirada inocente y constante, las palabras no salían, no tenía esa respuesta, ¿era la situación o el momento?, la verdad que no sabía…yo seguí pensando mientras me hundía en su mirada. Él ya se sentía incómodo y se notaba en su balanceo, tanto él como yo no podíamos escapar de ese momento, y me pregunté: “¿qué estará pensando? el se podía ir, ¿no? Pero no, continuaba parado mirándome, hasta que ese momento dejó de ser incómodo. Era…no se…era lindo, diferente, raro, poder mirar a alguien a los ojos y no sentir su mirada, no sentir miedo, confusión…y mis pensamientos iban y venían, me invadían.

Ahí estábamos los dos, uno frente al otro, como si no pasara nada, pero si pasaba y mucho. De repente logré responder esa pregunta como si nada, lo hice simple como la pregunta y se fue, se marchó corriendo la mirada, como si esos minutos no fueron nada, pero si, aquel momento se convirtió en un recuerdo, en otra memoria.

 

Lola Alarcón   

1 comment Abril 7, 2009

El pasado

Qué es el pasado? Para la RAE significa “tiempo anterior al presente”, para un profesor de lenguas es un tipo de tiempo verbal, Borges dice “el pasado es arcilla que el presente labra a su antojo, interminablemente”…  Podríamos seguir hasta llenar la hoja y, aún así,  nunca terminaríamos de definirlo, porque el PASADO (con todas las letras y en mayúscula) abarca mucho más que un tiempo verbal o lo que pasó ayer.

Mucha gente tiende a referirse al él como algo inmóvil, algo que no puede afectarnos, sin darse cuenta de que en realidad todos nosotros somos fruto de ese pasado… Somos quienes somos por toda la historia que nos precede. Llevamos impresa en cada una de nuestras células la historia de la humanidad, tanto desde el punto de la evolución biológica como desde la evolución mental, filosófica y científica. ¿Cómo sino podría tomarse como válida la teoría de la evolución darwiniana ¿De qué otra manera se explicaría que los niños prácticamente nacen sabiendo cómo utilizar las nuevas tecnologías, siendo que a los adultos cada vez les cuesta más mantener el paso en esta maratón sin fin aparente?

Yo creo que esa gente se equivoca. Somos hijos de una historia interminable. Una historia que determina quiénes somos, cómo nos movemos, las libertades que tenemos, si somos capaces de tal o cual cosa.

Desde nuestros derechos hasta nuestras costumbres nos atan y nos escupen en la cara una verdad que mucha gente se niega a ver: nuestro pasado nos va a seguir como un perro hambriento. Y nosotros (como argentinos, latinoamericanos o simplemente habitantes de este mundo) tenemos un perro particularmente hambriento.

Hambriento de justicia y de memorias, memorias que se fueron callando, por miedo o complicidad. Durante décadas hemos sufrido de abusos, tanto por parte de las grandes potencias mundiales como de los propios gobiernos. Latinoamérica ha sufrido decenas de golpes militares y la pérdida de más vidas de las que se pueden contar. Pero los gobiernos electos tampoco se quedan atrás. El hundimiento de las economías y la pérdida del poder de auto-sustentación no ha sido sólo culpa de los gobiernos de facto, sino también en gran medida culpa de la corrupción interna de los propios países.

Lo peor de todo es que hay personas que insisten que toda esa historia hay que dejarla atrás. “Mejor no revolver viejas heridas”, dicen, sin darse cuenta de que si no las recordamos y no luchamos por darles el desenlace correspondiente son heridas que nunca van a cerrar.

Hay una frase de George Santayana que me gusta mucho porque creo que encierra mucha verdad: “Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”.

Porque nuestra historia no se queda quieta y nos acecha a cada momento. Porque si nosotros nos olvidamos, siempre va a haber alguno que se aproveche de nuestra desmemoria. Y porque así como ayer fueron ellos, mañana podemos ser nosotros a los que manden a callar.

 

Candela Zapata.

Add comment Agosto 16, 2008


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